¿Cómo sería entrar al cuarto de Mafalda, visitar el almacén de Manolito o caminar por las calles de su barrio? La historieta creada por Quino cobra volumen, movimiento y sonido en una experiencia interactiva que invita a grandes y chicos a descubrir —o reencontrarse— con uno de los personajes más queridos de la cultura argentina.
Cuando las historietas se convierten en lugares
Durante décadas, alcanzó con abrir una página para entrar en el mundo de Mafalda.
Ahí estaban sus preguntas sobre la humanidad, las contradicciones de los adultos, su particular relación con la sopa y ese grupo de amigos que, entre juegos y conversaciones, lograba poner en palabras asuntos bastante más grandes que ellos.
Ahora, ese universo se puede recorrer.
Mafalda Inmersiva llegó al Centro Cultural Recoleta con una propuesta que transforma las viñetas de Quino en escenarios físicos, proyecciones y experiencias interactivas. La muestra ocupa 1.300 metros cuadrados y propone un recorrido de aproximadamente 60 minutos, pensado tanto para quienes crecieron leyendo la historieta como para las nuevas generaciones.
Una visita al barrio de Mafalda
La experiencia empieza con una idea sencilla y fascinante: ¿qué pasaría si pudiéramos atravesar el papel y caminar por los lugares que conocemos de memoria?
El recorrido recrea algunos de los escenarios más reconocibles de la tira. Se puede entrar al cuarto de Mafalda, visitar el almacén de Manolito y descubrir espacios de su barrio, con objetos, sonidos, texturas y detalles inspirados en las ilustraciones originales.
Los personajes también abandonan las dos dimensiones para aparecer como esculturas y figuras a escala real.
Para los lectores de siempre, el paseo tiene algo de reencuentro. Para los chicos, en cambio, puede ser la primera oportunidad de conocer a Mafalda desde el juego, antes incluso de acercarse a sus libros.
El universo de Quino cobra movimiento
La tecnología tiene un papel importante, pero no busca reemplazar al dibujo.
La muestra incorpora proyecciones envolventes de 360°, video mapping, sonido espacial, pantallas táctiles, animaciones y música original, que permiten explorar las escenas desde una perspectiva diferente.
Uno de los desafíos del proyecto fue conservar el lenguaje gráfico de Quino al trasladarlo a otros formatos.
Para lograrlo, un equipo interdisciplinario de Argentina, España e Inglaterra trabajó a partir de los trazos y textos originales, respetando la identidad visual de los personajes.
Así, el movimiento y la tecnología se suman a una obra que siempre encontró su fuerza en algo mucho más sencillo: una línea, un gesto y una frase capaz de hacernos pensar.
Una experiencia para distintas generaciones
Mafalda tiene una particularidad: puede hacer reír a un chico y dejar pensando a un adulto con la misma historieta.
La muestra busca conservar esa doble lectura.
Además de los escenarios y las animaciones, incorpora espacios de juego especialmente diseñados para los visitantes más pequeños. Los adultos, por su parte, pueden reconocer escenas, personajes y situaciones que forman parte de su propia memoria lectora.
Es una propuesta que funciona especialmente bien como plan familiar, pero también para quienes disfrutan de la ilustración, la historieta y las experiencias culturales contemporáneas.
Soñar también tiene su propia sala
El recorrido suma una propuesta adicional: Soñando con Mafalda, una experiencia de realidad virtual multiusuario.
Con visores especiales y en grupos de seis personas, los participantes pueden explorar los sueños de algunos personajes: desde el deseo de Mafalda de convertirse en traductora de la ONU hasta las ambiciones empresariales de Manolito y los planes de Susanita.
La actividad dura aproximadamente diez minutos y requiere un ticket opcional, independiente de la entrada al circuito principal.
De Buenos Aires al mundo
La relación de Mafalda con Buenos Aires va mucho más allá de esta exposición.
Sus personajes forman parte del paisaje cultural de la Ciudad, especialmente en San Telmo, donde la escultura de Mafalda sentada en un banco se convirtió en una parada habitual para quienes recorren el barrio.
La experiencia del Recoleta suma una nueva forma de acercarse a ese universo, esta vez desde una propuesta que combina ilustración, escenografía y tecnología.
Después de su temporada porteña, el proyecto tiene prevista una gira por Latinoamérica y Europa.
Las preguntas de Mafalda siguen vigentes
Quizás lo más interesante de esta experiencia sea que permite volver a mirar una obra conocida desde otro lugar.
Mafalda nació hace más de seis décadas, pero sus preguntas sobre la paz, la convivencia, el futuro y el mundo de los adultos conservan una sorprendente actualidad.
Las tecnologías cambian. Las formas de contar historias también.
Sin embargo, el universo de Quino demuestra que una buena historieta puede seguir encontrando nuevos lectores, nuevos formatos y nuevas maneras de sorprendernos.